sábado, 14 de abril de 2012

Robert Doisneau


Recibió la formación de grabador litográfico y tipógrafo en París. En 1929 comienza a realizar sus primeras fotografías aprendiendo de forma autodidacta y leyendo las instrucciones de las cajas de emulsión para revelar. Comenzó a trabajar en un estudio fotográfico que posteriormente compraría al morir su dueño. En 1931 comienza a trabajar con el artista André Vigneau gracias a sus conocimientos como grabador, éste le introduce en el mundo de la fotografía como arte. En una entrevista con El País Semanal en 1991 contaba "Cuando yo empecé, nadie conocía a nadie. No había revistas que difundieran la obra de los fotógrafos más interesantes. Por eso la única persona que me influyó fue Vigneau. Era formidable: escultor, pintor, fotógrafo". En esta época también descubriría a Man Ray.
Inicialmente trabajó como fotógrafo industrial y de publicidad en la factoría de Renault de Billancour hasta ser despedido por sus repetidas ausencias, según sus palabras "desobedecer me parecía una función vital y no me privé de hacerlo". De los objetos inanimados pasó a las fotografías de gente en París y Gentilly. El 25 de septiembre de 1932, L'Excelsior publica su primera fotografía. La crisis de los años treinta le afectó, debiendo pasar una larga temporada sin encargos. Vivió en Montrouge desde 1937 hasta su muerte. El 25 de septiembre de 1993. Doisneau tomó su última foto. El 1 de abril de 1994, a la edad de 81 años, murió.

100 sin el titanic

Fue el 14 de abril de 1912, poco antes de la medianoche, cuando el Titanic chocó contra un iceberg. Unas tres horas después, el entonces mayor barco del mundo se hundió en las profundidades heladas del mar, convirtiéndose en la tumba de alrededor de 1.500 personas. Ningún superviviente está vivo hoy día. Sin embargo, el naufragio permanece en el inconsciente colectivo. No hay quien no haya imaginado alguna vez cómo deben haber sido esas horas: en primera clase, la vajilla comenzó a caerse de las mesas; la orquesta siguió tocando hasta el final y en las cubiertas bajas, quienes habían comprado los pasajes más baratos murieron primero.
A pesar de todas las catástrofes con embarcaciones ocurridas en los últimos 100 años, ninguna fascina tanto como el hundimiento del Titanic en su viaje inaugural.


Pero ¿de dónde viene esa fascinación que ejerce el Titanic? "Hay muchos motivos", explica John Wilson Foster, profesor emérito de Belfast y autor de varios libros sobre la legendaria embarcación. "A fin de cuentas, fue el hundimiento del entonces mayor crucero del mundo y hubo 1.500 muertos", dice. A bordo del barco de vapor viajaban más de 2.200 personas. También es clave que la lista de pasajeros fuera tan variada. "Esto llevó a que el barco sea visto como microcosmos de la sociedad europea y estadounidense de esa época", afirma. En primera clase viajaban algunos de los hombres más ricos del mundo. "El barco ofrecía un simbolismo que los comentaristas y artistas no tuvieron más que retomar. La lista de pasajeros también era muy variada culturalmente, había escritores, pintores, modistos y actores a bordo. El elenco de esta tragedia, que en parte se convirtió en melodrama, nunca fue mejor en la historia de las catástrofes navieras", añade.